jueves, 4 de abril de 2013

Ruta de los cátaros y valle del Tarn

Habiendo reservado la mayoría de días de vacaciones para nuestro viaje a Cabo Norte, cuatro días de fiesta son un lujo que no podíamos dejar escapar... así que, a pesar de unas previsiones meteorológicas no demasiado buenas, pusimos rumbo al sur de Francia, a la zona más conocida como Países Cátaros. Pero no sería lo único que íbamos a visitar... ya que muy cerca de esa zona se encuentra el famoso valle del Tarn, y su zona más conocida: les Gorges du Tarn.

Château de Peyrepertuse
Como ya hicimos el verano pasado, quisimos aprovechar cada minuto del fin de semana, por lo que el jueves ya fuimos al trabajo con todo el equipaje para, a las cinco y media, poner rumbo a Francia y pasar la noche en un camping de Le Boulou.

Sin prisa pero sin pausa, cogimos la AP-7 para poder llegar lo antes posible. Los franceses son muy puñetas con los horarios, así que si queríamos encontrar camping no nos podíamos retrasar demasiado. Acabamos llegando al camping a las 8 de la noche y el horario de recepción era hasta las 7 y media... por suerte, nos abrieron la barrera y pudimos plantar nuestra tienda y preparar la cena.

Espaguetis boloñesa de sobre... menudo lujo!!! 

Día 1

Eran las 9 y media de la mañana cuando nos fuimos del camping. Por la noche había estado lloviendo la mañana se presentaba fea... aunque al menos parecía que ya no iba a llover más. A medida que íbamos recorriendo kilómetros y la mañana avanzaba, el día se iba abriendo hasta hacer un solazo increíble a medida que nos acercábamos a nuestro primer POI, el castillo de Peyrepertuse.


A la llegada a Château de Peyrepertuse, las vistas no podían ser más espectaculares... y no era de extrañar, ya que este tipo de fortalezas siempre las construían en emplazamientos donde pudieran controlar bien sus alrededores. Ya sabían lo que se hacían ya...


Para poder acceder al castillo, había que pagar una entrada de 5 euros y seguir un sendero a lo largo de 15 minutos aprox. Como se trataba del primer castillo de la ruta (y uno de los importantes) no nos importó ninguna de las dos cosas. Fue todo un acierto llevarme una pitón para atar los cascos... ya que aún a pesar de llevar las maletas llenas, podríamos dejar los cascos atados en la moto.

Una vez dentro del castillo, disfruté como un niño pequeño subiéndome por las distintas paredes y asomándome a todos los sitios que podía... que pasada de castillo!!


Fue una pena que una de las partes del castillo no se podía visitar por unas obras, así que no pudimos hacer el recorrido completo. De todas formas, con la calor que estaba haciendo y con los trajes enfundados (térmicos incluidos) tampoco apetecía continuar con la visita...

De nuevo en la carretera, el siguiente punto de la ruta eran las Gorges du Galamus, una garganta de apenas unos kilómetros de largo pero muy espectacular. La carretera, bastante estrecha y metida en la montaña, no invita a pasar con vehículos mucho más grandes que un simple turismo.

Gorges de Galamus
Hicimos dos pasadas, ida y vuelta, porque la ruta no transcurría a través de la garganta. A la vuelta, y ya casi al final de todo, una avispa muy oportuna me pegó en buen mordisco cerca de la patilla... culpa mía por ir con la visera levantada! :(

Tras el susto, el siguiente punto de la ruta era Rennes-le-Château. Un pueblo que se ha hecho muy famoso por lo paranormal y lo esotérico, culpa de la leyenda del antiguo párroco Bérenger Saunière, una leyenda que narra como ese párroco se encontró un increíble tesoro en una reforma de la iglesia.

Rennes-le-Château
Las vistas desde el castillo eran espectaculares!! En cada uno de ellos me imaginaba las vistas que debían tener los feudales al abrir las ventanas por la mañana... el problema es que, acto seguido, también me imaginaba sus desayunos o sus comidas, y me entraba el hambre!

Poco a poco fuimos viendo que avanzábamos mucho más despacio de lo esperado. Carreteras con muchas curvas y en mal estado, paradas para hacer fotos, ... teníamos previsto llegar a un camping situado cerca de Pamiers, pero no íbamos a llegar ni de coña! Pero bueno, donde se nos hiciera de noche ya buscaríamos algo.

El siguiente castillo de la lista era Château d'Arques.

Château d'Arques
Lo más destacable de la parada fue la merienda que nos pegamos a base de bollitos, chocolate y batido que habíamos comprado en un Intermarché. Y es que si bien estábamos haciendo una ruta de castillos, pagar 5 euros en cada uno de ellos nos parecía excesivo, así que foto de rigor y de nuevo a la carretera.

El colmo de los colmos llegaría con Château de Puivert, un castillo privado rodeado de una valla metálica y custodiado por dos enormes perros... no vaya a ser que te acerques demasiado sin pagar!!!

Château de Puivert
Con la tontería ya llevábamos todo el día en la carretera y empezábamos a estar bastante cansados... las carreteras en tan mal estado estaban empezando a pasar factura a nuestras espaldas. Así que decidimos descartar el castillo de Montsegur e ir dirección Mirepoix a buscar camping. Era unos 80 kilómetros menos de lo previsto... aunque esos 80 kilómetros suponían más de hora y media de trayecto.

Pero nuestra sorpresa fue mayúscula cuando al empezar a buscar campings, estaban todos cerrados!!! Resulta que los muy cabritos abren en Abril... el 1 de Abril (aunque sea lunes) así que no encontrábamos donde dormir. Encima, para colmo, el cielo se estaba poniendo bastante feo y la noche tenía pinta de ser muy fría. Así que decidimos buscar un hotel en la ciudad de Mirepoix, no sería barato pero dormiríamos calentitos y, sobretodo, en un colchón muy gustoso. Encontramos un pequeño hotel de dos estrellas por 49 euros.

Día 2

El día empezaba lloviendo, pero nosotros nos levantamos la mar de felices. Después de la paliza del día anterior, habíamos dormido como marmotas, así que unas pocas gotas no nos iban a estropear el día. Antes de irnos, dimos una pequeña vuelta por Mirepoix, que tiene una plaza, muy al estilo medieval, digna de visitar.

Mirepoix
Por suerte, la lluvia con la que amanecía el día iba desapareciendo a medida que pasaba la mañana... pero seguía habiendo unos nubarrones muy amenazantes. En cualquier momento se iba a soltar una tormenta de las buenas, así que solo quedaba cruzar los dedos para que no se cruzara en nuestro camino.


La primera parada de la mañana era Lavaur, pero como el día anterior paramos antes de lo previsto teníamos una buena tirada... por suerte, las carreteras eran de lo más variadas y se estaba haciendo muy divertido. Es cierto que el GPS (Garmin Zumo 220) no es muy listo a la hora de calcular rutas... esto provoca que en lugar de guiarte por una ruta fácil, aunque no necesariamente más corta y rápida, te guíe por el camino más rápido y/o corto teórico... lo que a la práctica te hace perder más tiempo porque acabas haciendo muchas intersecciones donde pierdes tiempo.

Catedral de Saint-Alain de Lavaur
Cuando por fin llegamos a Lavaur, tuvimos el tiempo necesario para poder hacer unas fotos a la catedral y poco más... porque enseguida empezó a caer un aguacero de esos que no duran demasiado pero te dejan totalmente calado. Que forma de llover!!! Tampoco queríamos esperar a que pasara la tormenta en aquel lugar, así que decidimos continuar y ganarle la carrera a la tormenta. Algo que se iba a convertir en la tónica del día... porque llevaba la misma dirección que nosotros.

Unas cuantas curvas después, llegamos a Albi, donde destaca la catedral de Santa Cecilia de Albi. Sus característicos ladrillos rojos provienen de la arcilla del propio río Tarn.

Catedral de Santa Cecilia de Albi
Aquí aprovechamos para comer algo, unos kilómetros antes habíamos comprado tortilla de patatas y taboulé en un súper, una forma muy barata de comer en Francia, ya que cualquier sitio donde entres no te va a costar menos de 10 euros por cabeza... y eso contando que esté abierto, porque los franceses son muy "especiales" con sus horarios!!!

Pero de nuevo la tormenta nos dio caza... así que con los últimos mordiscos vinieron las primeras gotas, había que irse.

A la salida de la ciudad, obra y gracia del GPS, nos metíamos por una carreterita estrecha y llena de curvas, una auténtica gozada! Y al poco rato, una seña que indicaba el valle del Tarn. Íbamos por buen camino.


Apenas unos kilómetros después, la carretera conectaba con otra carretera que circulaba a orillas del río Tarn. Una carretera que iríamos siguiendo durante bastantes kilómetros. De hecho, podríamos haber continuado a orillas del río hasta llegar a Millau, pero no fue el caso.


La carretera era una pasada!!! Ibas cambiando de orilla a orilla por pequeños puentes y cruzando numerosos túneles. Unos túneles que no parecían de una carretera... si no más bien de una antigua vía de tren, porque eran realmente estrechos y sin la más mínima luz.

Pero la ruta todavía nos preparaba una sorpresa más... en forma de pueblo con nombre de queso: Roquefort! No teníamos ni idea de que íbamos a pasar por ahí. A Cris le brillaban los ojos solo de leer el cartel. Así que decidimos acercarnos. Lo más curioso del pueblo es ver como está lleno de carteles de Société por todos lados. Parece que lo hayan construido ellos y todo. Pero a mi me llamaba más la atención otra cosa: la colección de motos con sidecar que estaban aparcadas!


El caso es que ya empezaba a hacerse tarde, así que había que buscar donde dormir. No muy convencidos por el frío que estaba haciendo, buscamos camping cerca de Millau, pero todos estaban cerrados. Entiendo que para las tiendas de campaña haga frío en estas fechas, pero si vas con autocaravana? Donde la metes? Al final acabamos encontrando un hotel por 39 euros. Lo que significaba enchufes!!


Y por supuesto, nuestros fantásticos menús de habitación de hotel jajajaja


Los dos primeros días de la ruta habían sido la mar de divertidos. Por delante nos quedaban las gargantas del Tarn, Béziers y Carcassonne. Pero primero había que dormir bien, estábamos hechos polvo!